Tuesday July 22nd 2014
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El dibujo, síntesis de la forma.

El  dibujo, síntesis de la forma.
A propósito de la exhibición de dibujos en el MAM
Por: Domingo Liz

En el principio era el verbo. Eso era en el principio, cuando lo primero y lo último era lo mismo. La garganta sin forma y sin nombre saliendo de su letargo de siglos producía las  primeras vibraciones de la energía primigenia. Las emanaciones de esa energía no habían generado todavía la luz, ni las formas, la palabra  no existía, solo la vibración indiferenciada en su primer momento.  El universo presentido envuelto en los confines de la nada clamaba para ser.  La potencia no manifestada contenida en ese gran vacío oscuro presionó y se liberaron las energías enjauladas. Emergieron las primeras causas y se produjeron los  efectos.  La complejidad anidada en ese estado de inercia contenida se esparció y el universo empezó a ser en su infinita variedad. Siendo larva única y al mismo tiempo innumerable, esa energía fructificó en la complejidad  indefinible del universo. Surgían las partículas y los encuentros de unas con otras iniciaron una danza sin fin que las convertían en cosa nueva en cada instante y crecían más y más, hasta llegar a una dimensión ilimitada. Una masa de materia ígnea sometida a fuerzas interactivas en sus sacudimientos desprendió fragmentos que quedaron suspendidos en el espacio.  En uno, lo sólido, se diferenció de lo líquido y de lo gaseoso.  La materia incandescente buscó su centro y la enfriada en su movimiento de alejamiento de ese centro se detuvo en sus confines de redondez.  Lo líquido terminando en agua  transparente, se posó en la superficie. El agua como maga de la vida con sus elementos invisibles infiltrándose en el polvo y la roca  produjo los primeros ablandamientos de la materia orgánica. Los arbustos y la hierba empezaron a crecer.  Las piedras se levantaron y conformaron la dentada estructura de las montañas. Las formas se tiñeron de color. Las nubes de los cielos derramaron su agua en los surcos de la tierra y corrió hacia las planicies para entregarle su savia a las praderas ansiosas de verdor. Todas las cosas fueron colocándose en su lugar. La noche tuvo su luna y sus estrellas; el día, su sol. Germinaron todos los bichos de la superficie, los insectos antes que todos iniciaron su labor, los que tenían que volar volaron, otros se arrastraron,  bípedos y cuadrúpedos empezaron a gruñir, las flores primerizas buscaron su color.  Se concretó un sitio para el  embrión del ser, un habitáculo para el hombre. Y los   días y las noches empezaron a moverse y los años y los siglos.

En ese horizonte de piedra y verdor, de contrastes definidos entre cielo y tierra, ese embrión del ser, ese hombre primario, caminando sobre su sombra y sorprendiéndose en cada recodo incierto, sufría las primeras conmociones de la emoción.  Las heterogéneas configuraciones y  el armonioso panorama exterior llegaban con la luz a la pantalla obscura del fondo de sus ojos. Las imágenes  penetraban en su conciencia y fueron asumiendo las etapas no contadas de sus vivencias.  Con esas impresiones de un mundo exterior  acumuladas, vividas y repetidas en un ritmo sin medidas,  instintivamente, fue sintiendo un impulso indefinido de traspasar esas emociones al círculo  de seres que ponían  en él sus ojos, con las mismas miradas que él intuía que eran las suyas, quedándose de momento imposibilitado de trasmitir esas sensaciones enclaustradas. Rayos de luz, espejismos de la conciencia en gestación, formas cambiantes, materia amalgamada con la esencia espiritual esperando su momento, su oportunidad para salir al exterior y empezar un ciclo especial para relacionar de una manera nueva, a él, que era el centro de todo y a los otros que eran todavía una forma viva más, con las que interactuaba en su espacio vital, con un sonido que todavía no tenia significado discernible.

Con el miedo incrustado en su carne y la  fruición en la  satisfacción de sus necesidades primarias,  ese contenedor de la sabiduría en ciernes, arrastraba su soledad rumiando sus experiencias en los momentos de quietud que le dejaban sus constantes refriegas con el hambre.  Buscaba en la escasez inmediata, el matiz rojo, el amarillo y el verde de los frutos y la carne viva venida del  monte y la pradera, para integrarlos a su cuerpo de tierra trasformada y mitigar esa sensación profunda y esencial que venía del órgano enclavado en el centro de su cuerpo y le aguaba y secaba la boca. Agobiado por la lluvia, amedrentado por la intimidante oscuridad de las cuevas, dormitando por momentos y sobresaltado por los gruñidos de la noche, ese hombre siguió consumiendo su vida sorteando las etapas de su evolución.  Lo lejano misterioso y lo cercano penetraban en sus ojos, en una visión que tenía la fuerza para grabarse que no tenían sus otros sentidos. Veía en sucesión  la realidad visual despierto, su mundo de mediodía cálido y luego percibía su mundo de medianoche, cuando sus sueños  lo anclaban en profundidades donde la materia sólida  penetraba otros sólidos en un mundo de ingravidez, en el que los jabalíes lo envestían sin dejar rastros de sus colmillos. Se sorprendía y confundía ante esos dos mundos contrapuestos de ritmos de vida diferentes.  Un mundo en el que las cosas sucedían y se repetían sin sorpresas y las formas podían sentirse con el tacto y el sol calentaba su piel y otro en el que se producían los hechos al revés, sucediendo lo que no podía suceder, y la tierra planeaba como si tuviera alas y el cielo ocupaba el lugar del mar y el mar el lugar del cielo. Primero la  brillantez del firmamento y luego la  oscuridad  que lo espantaba.  En ese tráfago de luz y sombras y de vueltas de la tierra  alrededor del sol,  llegó un día, un momento en que ese hombre tuvo, una salida de su mundo encerrado.  Una apertura al exterior. Sólo fue un comienzo casi imperceptible. Bajo el sol candente o sobre el frío de la  nieve, encorvado, utilizando sus manos con alguna estaca vegetal o algún segmento afilado de piedra, o la punta de su dedo, canalizando en la superficie blanda de la arena o imprimiendo líquido sobre la roca, en un movimiento peculiar y vivo, trazó un surco estrecho que hirió su retina de una manera diferente. Surco-línea indefinida, torcida,  interrumpida. Lo hizo sin percibir en su primer intento lo sucedido.  Solamente miraba, atraído por esa realidad nueva inconfundible, diferente a cualquier otra configuración de lo que le rodeaba. En su inicio de existencia autónoma circunstancial, ese amago de signo no tenía significado. El primer segmento de línea gráfica autónoma independiente, no tenía nombre. Así, la línea, unidad básica; principio de la arquitectura bidimensional,  surgió al plano de la conciencia sin otra consecuencia de momento que su propio nacimiento al plano de la vida como  un elemento aislado de lo desconocido.   Otro día que fue   tan importante  como aquel en que se produjo el primer sacudimiento del hallazgo, repitió la experiencia de una manera nueva. Trazando el elemento gráfico en un movimiento sostenido, lo alargó, lo contorsionó, y le dio un movimiento de vida, que fue creciendo en su complejidad en la medida que su intuición iba encontrando nuevas maneras de ir hilvanando sus trazos de acuerdo a su visión descarnada de las cosas. Cavilando, se dio cuenta de su hallazgo y sumando cada día las nuevas experiencias, lo utilizó para transfigurar en esquemas simples, la historia que sus ojos habían acumulado en su conciencia. Puso  en el mismo nido,  pasado y presente,  disponiendo el esqueleto de su mundo de formas, en el orden que le permitía su nueva posibilidad.  Dejando fuera lo secundario y quedándose con el centro y la  periferia definida de las cosas, transmutando la realidad desde el principio. Lo de afuera que captaban sus ojos y lo que provenía de su interior componiéndose para dejar un signo gráfico concreto, como una abstracción de su experiencia, como la anotación de una emoción. Una emoción  que viaja al exterior para contagiar otros ojos y mover el ánimo de los que ven las mismas cosas, enriqueciendo la vivencia que ahora adquiría los matices de la cosa nueva compartida.  Como un hecho simple y complejo al mismo tiempo, como una de las primeras concreciones del acto de abstracción gráfica de su historia,  esa ánima viviente,  levantando sus ojos al firmamento y bajándolo al plano de la tierra en acción taumatúrgica, concentrada,  configuró ese rey sol en un símbolo que encerraba en un círculo vivo el fuego que quemaba su piel. Circulo que penetrando el plano de la conciencia en una síntesis de la forma iba a quedar permanentemente  como un símbolo la realidad   Desencadenando con esa acción que iba a trascender su existencia, el inicio de un modo de decir, un lenguaje, una manera de saber, que iba a cambiar un mundo de tres dimensiones en uno de dos dimensiones. Y establecer una comunicación básica elemental, poderosa y trascendente. No esperó a  que se formaran las lenguas conceptuales  para darle nombre a ese nuevo modo de hacer, si no que inició el cortejo de formas, con la que ha preñado la tierra dejando una historia visual  que se fundamenta en la peculiaridad intrínseca de la forma.  Dejándola  impresa, como legado y como  historia de su existencia.

Creciendo en un mundo de formas, de sonidos, de olores,   palpando con sus manos la dura roca y teniendo por necesidad que percibir el sabor peculiar de cada fruta,  ese acumulador de sensaciones,   aguzando sus sentidos, tenia que oír los  sonidos que venían de todos los rincones del entorno. Oír el que venía  como un rumor cuando se acercaba la lluvia que se convertía en una caída cadenciosa. Que contrastaba con el que venía del cielo cuando el trueno explotaba en graves y agudas escalas macrocósmicas. Oía también el zumbido del viento que se cernía entre el follaje y modelaban un tono distinto para cada uno, Todos esos sonidos juntos, que eran  como un canto de la naturaleza  para animar al hombre a buscar  en  su interior su propio canto profundo y estimularlo para producir  un lenguaje de sonidos sin palabras que lo integrara a ese concierto de voces y formar un conjunto donde el era un matiz original. Y la palabra misma que empezó a aislarse como elemento de un lenguaje dentro de los límites del pensamiento de su tiempo.   El lenguaje que unía la realidad pasada y la presente y la mantenía como cosa permanente y servia para ponerle nombre a las cosas. El lenguaje de la indagación. El que evolucionó y se constituyó en lenguaje conceptual y se desdobló en el lenguaje de la poesía que sirvió  a su creador para señalar el bien y el mal, encontrar la palabra adecuada para referirse a la acción de amar y nombrar al Dios desconocido que habitaba en su interior.

Ese hombre de antaño y de hoy que ha transitado por las diversas etapas de su evolución, se ha diversificado. Ha cambiado de forma y de pensamiento integrando en una estructura biológica compleja la esencia de la materia y el espíritu, produciendo las más variadas manifestaciones de esa integración aparentemente contradictoria. Y ha conformado un sinnúmero de expresiones y modos de ser que configuran un panorama de culturas diversas que asumen los pueblos de hoy como su historia. Danzas y ritmos atávicos de música ancestral,  arquitectura musical de contrapuntos sublimes, literatura que busca en la ficción la realidad, poesía deslumbrante que sobrepasa la medida de la razón, la filosofía razonando para desentrañar los misterios del ser y los enigmas del universo.  Amor al prójimo y odio desenfrenado. La bomba atómica para la paz en Hiroshima, holocausto, niños con hambre en todas partes, niños jubilosos de la alta clase.  Depredadores del erario público en rapiña continua.  Sublimidad suprema. Jesús el Cristo, Shidarta el Buda viviente, Bach, Leonardo, Cervantes. Y degradación extrema,  Jack el destripador,  Hitler, Nerón, Al Capone. Y la infinita capa de los híbridos del bien y el mal que cargan en sus espaldas la responsabilidad de la indefinición y la conjunción perversa de todas las posibilidades. La inquisición con su santería falsa e intolerancia que terminó en las quemas de brujas, las democracias degeneradas en capitalismo salvaje,  el comunismo degradado en dictadura e irrespeto a la vida y las muchas otras instituciones de fachadas invertidas utilizadas  para sacar ventajas.  Muerte, fuego y dolor en el corazón del poder.  Dos torres quemadas que engendraron una ola de patriotismo vengador inmisericorde en nombre de Dios y la  paz que solo trajo más muerte, más dolor y más  guerras.  Movimientos de la materia en proyecciones trascendentes. Cúpulas de piedras desafiando las leyes de la gravitación, las pirámides de piedras en el desierto, la cúpula de San Pedro con sus  papas alfombrados, el  Partenón,  las líneas puras y blancas del Taj Mahal,  puentes de acero casi inconcebibles volando sobre las aguas, el enorme pájaro de fuego de patas mecánicas y velocidad supersónica.  Talento y mediocridad. La belleza y el estigma de la fealdad. Sexo, mucho sexo y la gran caja mágica repartiendo violencia regalada para los adultos y los niños de día y de noche.  El hombre llegó a los tiempos modernos, engrandecido y corrompido al mismo tiempo. El bien y el mal manifestándose a plenitud. Su historia llena de sucesos degradantes  y lumbres de pensamientos. Perfidia,   música, poesía, arte visual, guerra continua, dinero y dinero. Pueblos poderosos y pueblos débiles, reyes y esclavos. Todo entrecruzándose para producir la plenitud de la existencia, en una amalgama aterrante y conmovedora.   Constituyendo un substrato enigmático para la indagación, para la sustentación de los estados anímicos del creador, del que seguirá poniendo en signos gráficos diversos los aconteceres, la marca de esos vaivenes de la vida.

En esos vaivenes, en esas altas y bajas que constituyen el patrimonio histórico de la Humanidad,  los creadores de la expresión visual  enfrentan los complejos componentes de su quehacer. Ha dejado atrás la producción espontánea  con valor por sí misma. Esa complejidad y la lucha por la subsistencia han interpuesto muchos elementos entre el creador y su hacer. El campo de su actividad se ha transformado en un santuario del  comercio, se ha convertido en una profesión.  Los valores  que emanan de la obra están siendo interpretados, manipulados y jerarquizados  por muchos agentes que en la necesidad de preservar sus intereses distorsionan los verdaderos objetivos de la expresión visual. Paradójicamente la falsificación de los valores ha llegado a ser tan grande que se podría decir que arte no es lo que hacen los creadores en su modo peculiar de hacer, si no que arte es el producto que tiene las características que se determinan en los medios de comunicación, avaladas por expertos en la teoría de lo visual. Teorías cimentadas en el significado histórico de la palabra,  que otros expertos del pasado,  le han atribuido a los hechos  históricos ya superados. Se va dejando de lado la relación entre el creador, la obra y el espectador en su interacción  espontánea y directa que es de la única manera en la  que la expresión  visual  puede hablar. El, “el artista” imitador, extraviado, crea un  arte  enfermo que necesita de un curador, curandero, mas confundido aún que el propio “artista”.  Esta inversión de valores alcanza el campo del dibujo. Que ha estado siendo subvaluado y considerado en sus objetivos por una vía que lleva una dirección torcida, ya que entran en su evaluación aspectos no fundamentales, como es el del tamaño y los materiales utilizados. Y se tienen otras consideraciones no  determinantes para establecer su valor y su trascendencia.

¿Qué es el dibujo?  ¿Cómo pueden señalarse, sin establecer definiciones limitativas,  sus características más intrínsecas? ¿Como pueden enumerarse sin confinar en un esquema racional las numerosas  vías expresivas que escapan a normas teóricas a priori? ¿Puede disecarse la interacción emocional que se establece entre el autor, el diseño y  el espectador?  Siendo pragmáticos, simplificando y generalizando, podemos afirmar que cuando se trata de inventar; o traducir aspectos desconocidos de la realidad, el eslabón más substancial, directo y simple entre una idea y su  representación concreta, se establece cuando esa idea se canaliza, se transmuta espontáneamente en una estructura lineal, esquemática, bidimensional. Con el germen de una idea que busca sustanciarse en esquemas cambiantes para determinar una etapa de estructura, podemos mover montañas en un instante con el mínimo de recursos energéticos y materiales y llegar a realizaciones concluyentes que se suman unas a otras. El mecanismo intuitivo que se utiliza para engranar las ideas de cualquier estructura de diseño, es el alma  de la invención que se traduce en el lenguaje de la forma. Ese lenguaje de la forma en sus cualidades intrínsecas contiene los elementos principales  para su uso en la representación y la expresión  de la abstracción suprema y le confiere al lenguaje la categoría de lenguaje esencial. Es el medio de conocimiento preferido por el hombre,  para su contacto con la geometría del universo. Son excepcionales las fases del conocimiento que no tengan como instrumento  la estructura visual bi-dimensional  como fuente de indagación primera, como etapa inicial de un proceso de realización. En la construcción, en la arquitectura,  en el estudio de la anatomía humana, en la vestimenta, en el diseño de las máquinas del hombre, las de la tierra y las del aire; los recursos que aporta el diseño lineal es la sustancia primordial para generar las ideas de los componentes  de la geometría, que habla, y se explica, por  las estructuras simples o complejas,  que luego se concretizan en las construcciones pétreas de ayer y las maravillosas  estructuras  metálicas de hoy. Y en las infinitas modalidades de instrumentos, máquinas, vestimentas, procesos explicativos y utensilios, que el hombre ha utilizado y disfrutado en toda su existencia. Y es además un lenguaje para crear la obra de expresión visual definitiva con valor por sí misma.

El desprendimiento del dibujo como arte con valor por sí mismo, de ese gran árbol de la gráfica general  como signo y motor del conocimiento, no lo aleja mucho de los fines de esa gráfica. El hombre sensitivo, utilizando su capacidad intuitiva, penetra lo intangible de la conciencia para captar las emociones más intensas y fugitivas de los sentimientos para trasladarlas al mundo  de la percepción visual concreta y construye así los archivos visuales de su historia como rasgos de su alma, como construyen  también su mundo de fantasía y realidad esos niños libres que sin tapujos y sin las predisposiciones viciadas del adulto, presentan en composiciones libres el meollo de la sensación. Ese dibujo  es un lenguaje que no se fabrica sino que surge con espontaneidad y descubrimientos continuos. La  energía original guardada en su seno explota a veces sobreponiéndose frecuentemente a las  interferencias del mismo creador, produciéndose entonces las maravillosas intuiciones espontáneas que asombran al mismo autor.  Esa energía puede permanecer fresca y viva a través del tiempo, como se manifiesta en el ejemplo de la expresión del lenguaje del hombre primitivo de las cuevas de Altamira y otros lugares en las que se percibe esa energía como se manifestó el primer día. Y  ese medio de comunicación de las ideas, ese canal para la transmisión de energía espiritual puede seguir siendo utilizado para expresar las sensaciones más complejas de la actualidad. Son infinitas las variaciones que a través de un proceso largo de tiempo ha sufrido este medio tan especial de creación visual. Desde las enigmáticas abstracciones de los esquemas de los primeros hombres, pasando por los sutiles enlaces de líneas y la belleza de formas  de los personajes de Leonardo de Vinci, por las imágenes creadas por los grandes dibujantes de todo el período del siglo pasado, por las nuevas y sorprendentes invenciones de Picasso apartadas de los recursos tradicionales  y el poderoso impulso de una gráfica en la que intervienen todas las técnicas nuevas de grabado,  e imágenes digitales de nuestros días;  todas esas multifacéticas y originales creaciones  han ido conformando un substrato, una sustancia, de la cual ha ido nutriéndose nuestro espíritu, para mantenerse en un estado permanente de indagación ante lo que está más allá de la razón.

Ahora en estos tiempos modernos en las islas del Caribe se ha complicado el modo en que el hombre se relaciona. El hombre que funge de creador y el que recibe su mensaje en estos pueblos subdesarrollados están  siendo obligados por necesidad  a trasformar su modo de vivir y como consecuencia su modo de hacer, influidos por los patrones que provienen de las culturas dominantes. Estamos globalizados. Ya no se ve con nuestros propios ojos,  ya no se  oye con nuestros propios oídos.  Se ve con una  mente uniforme. Se oye con una  mente acostumbrada a sonidos electrónicos para moldearnos.  Todos pensamos igual. Las naciones pobres para bien o para mal están perdiendo sus banderas bajo el peso de préstamos maliciosos imposibles de pagar. Se palpan monedas con valores disminuidos que ya no sirven para nada.  Se multiplica la imitación. El número y la cantidad arropan el que hacer. La consigna es la producción.  La norma es el consumo. Ahora,  tenemos la gran democracia armada  con su ejército numeroso, con sus tambores de guerra para los oídos asustados y sus cañones para doblegar, utilizando a Dios como consigna, incluyéndolo en la comparsa en una cruzada para la paz.

Pero aun con las guerras y todo el aparato para producir la infelicidad y el empobrecimiento que tienen los poderosos del lado negro, tenemos siempre a mano un instrumento para producir un resquicio, una manera de entrar en un oasis, que aunque efímero, puede traer momentos de contemplación profundos y preocupantes de una realidad cambiante para introducirnos en niveles de conciencia más altos.  Ese instrumento, esa síntesis de la forma, esa especial y trascendente forma de comunicación que juega con la línea, la luz y las sombras para penetrar los escondrijos más profundos de la realidad, esta conformada por  las variadas y numerosas obras formales vivas, que de  manera  constante,  los creadores de imágenes visuales de siempre realizan para darla a su prójimo.

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