ROBERTO MATTA: A 100 AÑOS DE SU NACIMIENTO
Del 11 de noviembre de 2011 al 22 de abril 2012
Del 11 de noviembre de 2011 al 22 de abril 2012
La presente muestra, dedicada a un importante conjunto de obra gráfica de Roberto Matta, permite comprobar, en lo general, muchas de las coordenadas habituales de su trabajo. En esta exposición de obra en papel aparecen todos los gestos representativos del Matta más conocido, el vinculado a un surrealismo “cómico-cósmico”, poseedor de un universo de fosforescencias siempre explotando, donde lo vegetal, lo microscópico, lo luminoso, las figuras indefinidas trazadas como escritura, conforman una poesía de surtidor. En cada trazo se muestran las preocupaciones del artista por la cultura heredada (la América prehispánica, Grecia, el pensamiento revolucionario de izquierda…), así como una serie de homenajes a, y colaboraciones con, poetas. Todo ello mediante una gran variedad de técnicas y registros en los cuales Matta aparece como un grabador intuitivo y convulso que hace del dibujo algo predominante, sin olvidar la singularidad cromática, que lo llevó a ganar el Premio Tomás Francisco Prieto de Grabado en Madrid, España, en el año de 2001.
En la persona de Matta coinciden varios personajes. No sólo es arquitecto, pintor y poeta; también es un gran aventurero, protagonista de grandes momentos históricos, amigo de figuras estelares de nuestro siglo y quizá el último surrealista en activo en los años noventa. Tras abandonar su Santiago de Chile natal, en busca de la aventura europea, y después de viajar por Italia, Yugoslavia, Rusia e Inglaterra, se instaló en París, donde participó en el último ciclo del surrealismo; más tarde se trasladó a Madrid, donde coincidió con el momento más fulgurante de la Residencia de Estudiantes; finalmente, ya en Nueva York, se convirtió en un fermento decisivo para el nacimiento del expresionismo abstracto. Si, además, tenemos en cuenta que toda su vida fue un activista infatigable, un polemista entusiasta y un trabajador sin límites, comprenderemos porque Matta es una de las figuras más destacadas de la contemporaneidad. Probablemente por ello, y en reconocimiento a esta vida tan fértil, en 1992 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes; y años después el Praemium Imperialie for Lifetime Achievement in the Arts, en Japón, dos de muchos otros reconocimientos.
De su extensa biografía debemos resaltar su marcha a París, en 1933 —después de graduarse en arquitectura por la Universidad Católica de Santiago de Chile—, y los dos años que pasó trabajando de forma intermitente como asistente en el estudio de Le Corbusier. A pesar de ello, sus primeros contactos con el mundo de la construcción los hizo en el Pabellón de la República de España de la Exposición Internacional de París en 1937, donde conoció a Picasso, Miró, Alberto, Calder, el arquitecto Sert, etcétera, el mismo año que recibió el primer gran influjo de su vida, el de los surrealistas, antítesis del rigorismo racionalista lecorbusierano. Una breve pero fructífera estancia en Madrid le relacionó con Federico García Lorca, Salvador Dalí y Rafael Alberti, quienes le presentaron a Breton, lo que propició su incorporación al grupo surrealista y una estrecha relación con Tanguy y Onslow-Ford. Fue en esta época cuando el automatismo surrealista se apoderó de su obra y en su dibujo y pintura empezaron a aparecer referencias zoomorfas y antropomorfas, convulsiones y torbellinos, transparencias y opacidades, máquinas y seres fantásticos, toda una epopeya cósmica que acabó denominando “morfologías psicológicas”. Su arquitectura teórica y su sistema constructivo experimentaron una profunda transmutación formal y conceptual, basada en una interpretación freudiana de lo humano y cósmica de lo planetario. Los seres vivos y los escenarios se entremezclaban y sus composiciones automáticas, unos “paisajes interiores” inquietantes e incómodos, parecían seguir el dictado de unos impulsos, de un dinamismo explorador del subconsciente y de las superficies del cuadro que años más tarde sorprendió a los artistas de la Escuela de Nueva York. Tuvo una relación muy cercana con poetas y escritores, con quienes realizó diversos proyectos, como Octavio Paz, Pablo Neruda, Rafael Alberti, Miguel Ángel Muñoz, Federico García Lorca y Henri Michaux.
Entre sus más de doscientas exposiciones individuales sobresalen las realizadas en: Galería Julien Levy, Nueva York, 1940; Galería Pierre Matisse, Nueva York, 1942; Instituto Contemporáneo de Arte de Londres, 1951; Instituto de Arte Contemporáneo de Chicago, 1957; Museo de Arte Moderno de la Ville de París, 1968; Museo de Arte Moderno, Ciudad de México, 1975; Centro Georges Pompidou, París, 1985; Museo Metropolitano Coral Gables, Florida, 1987; Fuji Televisión Gallery, Tokio, 1985; Museo de Artes Decorativas de París, Museo de Bochun en Alemania, Museo Humlebaek en Dinamarca, 1988; Museo de Bellas Artes, Santiago de Chile, 1990; Palazzo Reale de Milano, 1990; Museo de Bellas Artes, Santiago de Chile, 1991; Yokohama Museo de Arte, Japón, 1993; Museo de Arte Moderno, Bolzano, 1997; Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 1999, y en el Museo Casa de la Moneda, Madrid, 2001.
Museo de Arte Carrillo Gil
Ciudad de México, México


















